Desapariciones

Resultado de imagen de flor que se deshoja

Desde ese día nadie vende barquillos en el parque, ni nadie se pasea de noche por las calles con un manojo de llaves, encendiendo las farolas, ni nadie arrastra una vieja motocicleta con una piedra de afilar, haciendo sonar una flautita. Son cosas pasadas, caducas. Quizá hacía mucho más tiempo, pero yo no me di cuenta hasta ese día. Una a una iba percatándome de desapariciones. No había niños jugando solos en la calle, ni solares con naranjos en plena ciudad, ni el sonido de tus llaves al llegar a casa. Es algo paulatino e irreversible: hasta en la panadería he de decir “buenos días” cada vez más alto.

Anuncios
Desapariciones

Momentos

Resultado de imagen de bloqueo mental

Ya voy, ya voy, parecía estar diciendo. Como cuando un policía te pide la documentación del coche y buscas frenético en la guantera. La tengo aquí, agente, de verdad. Es que hay tantos papeles que no consigo encontrarla. Un momento, un momento… Y buscas y buscas pero solo encuentras objetos viejos, desgastados, dinosaurios con olor a rancio. La taquillera depositó el cambio en la lengüeta metálica y papá recogió las entradas sin abrir la boca: el momento había pasado, como todos los sábados en los que lo acompaño a ver a la taquillera de pelo corto. Nos sentamos a esperar que empiece la película, resignados. Se apagan las luces y yo le cojo la mano, igual que hace el novio de mamá.

Momentos

El trastero

Imagen relacionada

El traje era auténtico: bajo el hombro izquierdo se destacaba la bandera de los Estados Unidos de América y, en el pecho, el símbolo de la NASA. También la escafandra, negra y vagamente amenazadora, como los ojos de un tiburón. La tintineó con un dedo, un tanto temeroso. Sonaba a hueco. Vio a un lado el ventilador que estaba buscando. Lo cogió con cuidado y salió de allí. Mientras lo enchufaba miró a aquel viejo gordo, en camiseta de tirantes y con una cerveza en la mano. “Abuelo…” comenzó a decir, pero el hombre le hizo callar: el partido había empezado.

El trastero

Cigarrillo

Resultado de imagen de cigarrillo a medio apagar

Solo le quedaba un cigarrillo cuando decidió dejar de fumar. Allí quedó, bamboleante dentro de su cajetilla, como un cachorro que esperara ansioso alguien con quien jugar. Decidió conservarlo, guardado en un cajón; le proporcionaba una vaga sensación de triunfo. A veces lo sacaba y lo sopesaba con delicadeza, como si fuera un pergamino antiguo, aspiraba el aroma del tabaco reseco y lo devolvía a su lugar, como con nostalgia de su antiguo yo. Un yo más joven y que fumaba. A la vuelta del funeral, lo encendió y todo se desbocó. Lo apagó a mitad, apresuradamente, y lo guardó de nuevo. Se tumbó en la cama, con las piernas flexionadas. Su figura recordaba vagamente a un cigarrillo apagado.

Cigarrillo

La puerta

Resultado de imagen de puerta

Subió los diez pisos hasta la azotea. Le extrañó que la puerta estuviera abierta. Pareciera que un hospital fuera un avión en pleno vuelo: botones rojos para atravesar los pasillos y ni hablar de abrir las ventanas. Aquella azotea era horrible; nada de baldosas de terracota, nada de musgo por las esquinas: solo tremendos y ruidosos cajones y un escueto trozo de suelo por el que pasear. Allí, tras un recoveco, se encontró con un nutrido grupo de enfermos, como él, con la bata anudada a la espalda, que le dieron la bienvenida. Charlaron un rato hasta que se sintió inquieto por su ausencia. Se despidió de sus nuevos amigos y se dirigió a la salida. No pudo salir: la puerta solo se abría por dentro. Un coro de espectrales risitas resonó a sus espaldas.

La puerta

SuperWoman

Resultado de imagen de kriptonita

El malvado Luthor había puesto kryptonita en la bodega, por eso papá llegó como llegó, tambaleándose, despeinado y con esa lengua de trapo que le impedía decir algo razonable. Y por eso estaba de tan mal genio y hacía esas cosas. Pero no te preocupes, cuando se despierte le diremos que no vuelva a esa bodega nunca más, ni a esa bodega ni a ninguno de esos sitios en los que Luthor pueda entrar a tomarse algo y esconder un poquito de kryptonita. Se lo haremos prometer tres veces. Y así papá volverá a ser nuestro Supermán de siempre. Ahora, cariño, duerme, duerme tranquilo.

SuperWoman