el amor

—Hoy parece que ella tiene la voz todavía más dulce que ayer. Fíjate, ha salido el sol, otro día que no acierto con la ropa. Aunque bien mirado, con este barrigón seguiré pareciendo un pavo cebado, me ponga lo que me ponga. Qué barbaridad, en esta acera no caben más mierdas de perro. Qué pena de país, nunca cambiará. Y vaya basura que ponen hoy por la tele. Esto no es cultura, esto es forraje. Nos tratan como a ganado. Mejor me voy a dormir. Mañana… mañana quiero estar fresco.
Y se acostó, con una desagradable sensación en el estómago. Algo le decía que se estaba convirtiendo en un puñetero optimista.

el amor

ceniza

Solo ceniza. Tantísimos años de trabajo. De noches mal dormidas. De relaciones perdidas, hastiadas de verse convertidas en un segundo plato en su escala de pasión. De todo aquello no quedaba más que la ceniza a la que el fuego de su hogar había reducido sus escritos, sus notas, sus diarios. El viejo escritor lo contemplaba con un brillo especial en los ojos, como quien se ha librado de una ancestral maldición y no se lo acaba de creer. Se incorporó poco a poco, como con prudencia, y miró por la ventana. Hacía un día precioso y sintió deseos de salir. Algo pasó, sin embargo, y, al poco, se descubrió a sí mismo garabateando notas en la pared. Todavía llevaba la chaqueta puesta.

ceniza