varios

Se ovilla sobre las baldosas frías y comienza a temblar. Masculla entre dientes que se va, se larga; no aguanta más esa pantomima, esa parodia de vida. Él se asusta pero se cuida mucho de permitir que lo note. Le habla suavemente, con una paciencia infinita, le repite una y otra vez los mismos persuasivos argumentos y, ante todo, trata de calmarle. Pasada la medianoche la crisis remite y él le calienta un poco de coñac para ayudarle a dormir. A las 4 de la madrugada llega el otro y se lanza a la cama, completamente borracho. Por la mañana desayunan en silencio, se visten y cogen un taxi para ir al trabajo. A la entrada de los juzgados el ordenanza les saluda: “buenos días, don Miguel”, pero ellos están demasiado abstraídos conversando entre sí para contestar.

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varios

apego

Vuelven a dejarlos debajo de sus camas, en el mismo lugar en el que los encontraron. Si sus hijos se enteraran de que han estado leyendo sus diarios, no se lo perdonarían. Habían comenzado entre risas, comentando en voz alta cada recuerdo, cada emoción infantil que habían plasmado pero, poco a poco, a medida que avanzaban, se ensimismaron en su lectura, emitiendo de tanto en tanto algún gruñido, algún suspiro, alguna mirada furtiva. No se dan cuenta de que les cuesta asimilar que sus hijos ya se han hecho mayores. Después, sin apenas hablar, van a recogerlos al trabajo.

apego

invisible

Vuelven a ser invisibles los surcos anegados de agua oscura, de lodo y de barro que excavó en mi rostro tu mirada azulada. Vuelve a latir con una cadencia prudente el corazón que ha crecido sobre las ruinas, sobre el cadáver, sobre el corazón cachorro que antes habitaba en mi pecho. Vuelve un distinto reflejo de mi mismo en el mismo espejo en el que antes me reflejaba. Vuelven a vibrar las cuerdas sin ser tocadas en una pirueta, un triple salto mortal, un fenómeno físico de frecuencia, empatía y resonancia cuando, a las nueve y media de la noche, tras tirar la basura, te encuentro y me dices:
-Perdona, ¿a qué piso ibas?

invisible