poetas

poeta

Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos. El portazo todavía hacía vibrar el cristal de la foto de boda y de su alma. De pronto, cavidades por todas partes. Cavidades en las que cabían millones de poemas. Todo era igual salvo la amargura de los ojos con los que ahora escribiría. El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos. Arritmia asonante y consonante. Haikus por doquier. Inagotables como su tristeza. El poeta, pero, se arrancó por prosa y logró alcanzar a su esposa en el ascensor. Y le pidió perdón. Y cenaron un huevo frito que les supo a gloria. Sin cuentos.

Anuncios
poetas

mariposas

colección-de-mariposas-12803621

–Y las azules, las del abuelo. Son bonitas, ¿verdad? Parece que se vayan a poner a volar en cualquier momento. Que, más que ensartadas en el panel,  estén ahí tranquilamente, posadas tras un suave revoloteo entre flores. Mire, aquellas son las de mi padre. A él también le apasiona coleccionar mariposas. Él y el abuelo se pasan horas paseando por los campos, buscándolas. A mí me gustaría acompañarles pero, claro, con estas piernas no puedo salir de casa. Son inservibles. Eso dicen ellos. Quizá algún día me cure y pueda por fin acompañarles… Siéntese, siéntese allí, pronto llegarán –y señaló un sillón con un blando movimiento de mano, casi como si aleteara.

mariposas

purgatorio

imagen-5f4c363e

El incómodo cadáver del mediador familiar, el de la sonrisa insegura, trataba de entablar amistad. Se paseaba, uniéndose a los corrillos e imitando lo que veía. Si reíamos, él también soltaba una sonora carcajada. Si el tema era serio, fruncía el ceño y asentía gravemente. Ninguno le hacíamos el menor caso y, al rato, se alejaban, él y su sonrisa. Eso fue antes de que fuera admitido Arriba; antes de que pasara a formar parte del Tribunal Celestial. Entonces, escuchaba nuestros pecados, se reía en las partes graciosas y asentía con gravedad en las serias. Y, sin perder la sonrisa, nos mandaba de vuelta al purgatorio.

purgatorio