la caja

 

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Usted es el primero que la abre. En serio. La gente es muy supersticiosa y, aún sin serlo, prefiere tocar madera o evitar los gatos negros. Por precaución, simplemente. Cosas que pasan. En su día, corrió el rumor de que esta cajita era como el pozo del juego de la oca: quien la abría, liberaba al que está dentro pero quedaba condenado hasta que otro desgraciado hiciera lo propio. Y fíjese, los años han ido pasando hasta que usted la ha abierto, seguramente para impresionar a su novia. ¿Y qué? Sólo una caja vacía, forrada de terciopelo rojo. Ya verá. Es como un desierto de sangre.

la caja

El conductor

La mujer que iba en el coche a mi lado no lo sabe pero hace 30 años que estoy enamorado de ella. Día tras día conduzco su coche y la acompaño a hacer la compra, a la peluquería, a recoger a su marido. Fue duro al principio. Un tipo de amor más extremo, no sé si me explico. Ahora ya pasó. Es mejor ahora. En este tiempo estudié y salí con chicas, pero no me casé. Tampoco cambié de trabajo. Ella no lo sabe pero conozco su cara de memoria y hasta adivinaría cuándo va a pestañear. Es mejor ahora. Un amor más suave. Hoy debiera de estar nervioso porque, por primera vez en 30 años, ella se ha sentado a mi lado. Pero no lo estoy, escojo el camino largo para volver a casa, miro las copas de los árboles pasar como si fuera la primera vez que las veo y tomo las curvas con suavidad, con mucha suavidad. Es mejor ahora.

El conductor